Arte
y cultura, contextos y cotidianidad
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“…Que
no se nos hagan callos
Ni en las manos
Ni en el alma
Ni en el cuerpo
Pasar por todo una vez
Una vez solo y ligero
Ligero, siempre ligero…”
Romero
solo - León Felipe
Pensando en la última inauguración
que visité y en la escena tucumana -cosa que se volvió
en mí una preocupación recurrente- me atreveré
a citar el siguiente párrafo, que aunque su contexto
es otro, lo creo perfectamente válido para lo que
ahora quiero decir. Cito entonces:
"…Se
han creado redes culturales y organizativas nuevas dentro
y fuera de las instituciones culturales como el museo o
la academia…hay aun otros modos de los que la nueva
intimidad entre cultura y política puede abrir caminos
a prácticas museísticas alternativas. Pensemos
en la vieja tesis de la "calidad", a menudo esgrimida
por criterios tradicionalistas para marginar el arte y la
cultura de grupos minoritarios o territorios periféricos.
Ese tipo de argumento está perdiendo terreno en una
época que no presenta ningún consenso claro
sobre qué es lo que debería estar en el museo.
De hecho, la tesis de calidad se desmorona cuando vienen
sucediendo en los últimos años, la documentación
de la vida cotidiana y de las culturas regionales, la colección
de artefactos industriales y tecnológicos, muebles,
juguetes, ropa, etc., aparecen como proyecto museístico
cada vez más legitimo. Irónicamente, una vez
más, puede haber sido el emborronamiento vanguardista
de las líneas divisorias entre el arte y la vida,
entre la cultura elevada y las demás lo que ha contribuido
significativamente a la caída de los muros de los
museos…" 1.
Ciertamente
Tucumán es una provincia exenta de coleccionismo
y no me cabe duda de que la "honestidad intelectual"
de quienes exponemos aquí, aunque a riesgo de pasar
sin pena ni gloria, se debe justamente a su contexto libre
de presiones competitivas de mercado.
No es caprichoso entonces que la abundancia de las intervenciones
en el espacio público de generaciones más
consolidadas y jóvenes performers más emergentes
sostengan determinados modos de producción, casi
diría, políticamente enunciados y digo "casi"
porque el hecho de que nuestros jóvenes busquen espacios
alternativos a los institucionalmente establecidos y/o utilicen
técnicas y materiales cada vez más "volátiles"
no surge de una confrontación explícita, mas
me atrevo a apostar de que ni siquiera piensan en ello.
Sin embargo, tampoco podemos caer en la ingenuidad de pensar
en el carácter apolítico de estos modos de
producción, sobre todo si se los hace de modo reiterado
y sostenido en el tiempo.
Dicho de otra manera, la insistencia en producir obras difíciles
de vender, cuando no invendibles, termina generando otro
costado discursivo distinto a cualquier eje conceptual que
el artista se propusiera enunciar.
En un mail que Geli González me mandó para
la elaboración de otro texto en el que estoy trabajando,
ella me habló de "espacio de resistencia"
como parte de la descripción de una de sus obras
de 2006 (y en este punto me permitiré disgregar para
admitir públicamente que esta obra fue la única
que me conmovió en años).
Retomando entonces, ese "espacio de resistencia"
es el resultado de dos puntos de lanzas que hacen centro
en dos direcciones diferentes:
Ad intra, por un lado, esto es resistir a la propia
fragilidad de su obra, o enfocado al revés pero enfatizando
lo mismo, hacer del borde y la fragilidad discursos resistentes,
estéticamente hablando; y por otro lado, una orientación
Ad extra a la hora de decidir los porcentajes de
venta de obra en el mercado del arte.
La
obra "Los
días" de Geli Gonzáles,
tiene mucho de ambas puntas. Resistencia en el discurso
de la fragilidad en la desmaterialización de la acción
– que por otro lado le es propia-.
Resistencia en determinados modos de producción en
un espacio alternativo – al menos no en un espacio
institucionalmente legitimado y legitimador, aunque esto
conlleve ciertos replanteos de algunos factores desencadenantes
como si éstos fueran los únicos "obviamente"
posibles.
Resistencia a los estatutos del dibujo en un circuito en
donde lo académicamente correcto pisa fuerte. Resistencia
a que lo cotidiano, de vez en cuando, deje de serlo.
Resistencia también a que el mundo del dibujo en
el que se mantiene no la haga caer en el fastidio de ciertos
automatismos fáciles de aplicar por su dominio técnico
y que ciertos factores externos (como el punto de cocción
de los fideos con los que luego dibuja) la alejen de sus
destrezas, lo que, eventualmente, podría jugarle
en contra.
Lic. Mónica Herrera
De la Redacción de Planoazul.com
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1 Huyssen, Andreas. En busca del futuro
perdido. Cultura y memoria en tiempos de globalización.
Ed. Fondo de cultura económica, 2007, pág.55.
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